Este campamento deja una impresión decepcionante debido a una desconexión entre lo que el personal dice y lo que realmente hacen. A pesar de que afirman que no toman reservas, el sitio aparentemente reserva lugares para los huéspedes que regresan, lo que se siente discriminatorio hacia los recién llegados. A los huéspedes se les dice que pueden aparcar en cualquier espacio disponible, pero esta libertad no se honra en la práctica. El dueño, descrito como grosero y arrogante, comunica con condescendencia y desprecio, haciendo que las interacciones sean desagradables. Se aconseja a los visitantes que obtengan acuerdos por escrito, ya que las promesas verbales no se cumplen. La experiencia general se describe como surrealista y frustrante, con una fuerte advertencia sobre el mal tratamiento recibido.
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