Situado a 700 metros en el parque de Écrins, este campamento ofrece un impresionante entorno natural con un lago privado para nadar, pescar y zarpar, además de un arroyo que se entrelaza a través del terreno. Los huéspedes elogian constantemente los espaciosos y sombríos terrenos y el cálido y atento personal que crean un ambiente acogedor. A las familias les encanta el castillo, el minigolf, el patio de juegos y la biblioteca de juguetes, mientras que a los adultos les encantan las rutas de senderismo y ciclismo de montaña con alquiler de bicicletas disponibles en el lugar. La playa privada ofrece tumbonas gratuitas, y los perros son generalmente bienvenidos, aunque no en la sección de playa concurrida. La limpieza es generalmente alta en los bloques sanitarios, pero el agua caliente puede ser inconsistente durante los períodos de grupos escolares ocupados. El restaurante local y el snack bar reciben críticas mixtas por las horas limitadas y la calidad de la comida; no hay tienda ni entrega de pan, lo que requiere un viaje en coche a la aldea más cercana. El Wi-Fi solo está disponible cerca de la recepción, y la señal móvil puede ser irregular, lo que alienta a una desintoxicación digital. Los niveles de ruido suelen ser bajos, pero las fiestas locales o las reuniones nocturnas ocasionalmente pueden interrumpir la tranquilidad. La reciente expansión ha llevado a una superpoblación en temporada alta, con terrenos estrechos y personal menos atento, lo que disminuye el encanto nostálgico anterior. A pesar de estos cambios, el campamento sigue siendo un refugio muy recomendado para los amantes de la naturaleza, con muchos huéspedes que regresan año tras año por la atmósfera pacífica y las hermosas vistas alpinas.
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